La Voz en radio: desde adentro hacia fuera.

22 septiembre, 2013 at 11:07 PM

Por Lidia Argibay (*) y Marcelo Cotton.

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“Es un placer tan grande sentir que las palabras corren por la lengua, que fluyen de uno mismo, al aire, al mundo, a las orejas de los demás. Es un placer tan grande oírse decir las palabras que salen de los labios, sentir que la boca se mueve con los sonidos que uno hace. Es un placer tan grande…”
Paul Auster

LA VOZ ES EL CUERPO.

En la radio, la voz es la evidencia sonora más rigurosamente humana. A través de la voz el sonido de la radio tiene forma humana, cuerpo. De hecho, en la radio, la voz es el cuerpo. O el canal que expresa a un cuerpo (que habla, respira, se mueve, se emociona, se inquieta…) Sin embargo esto no siempre sucede y las voces pueden educarse para ocultar la humanidad del cuerpo, y ser eso, voces sin cuerpo, sin volumen, sin imagen. Pueden educarse con los viejos cánones de la locución desde los cuales cuanto más “neutra”, insípida, impersonal, impostada, sea la voz del que habla, mejor.

De este modo, la técnica vocal se puede aprender y aprehender desde lo exterior, superficial, indistinto. Pero la voz, en esencia, es como una casa que alberga de nosotros lo más íntimo. Es una construcción de materiales combinables: percepciones, razones, sentimientos, imaginación y experiencia. Y el ejercicio de la sensibilidad aportará lo propio, lo singular, lo diferente.

La pregunta que cabe hacerse al margen es: ¿hay lugar para voces diferentes en la radio hoy?
Sin detenernos en un debate, por cierto amplio, sobre pluralidad de voces en la radio, la pregunta nos sirve para indagar sobre qué escuchamos cuando escuchamos una voz, o mejor, qué vemos, sentimos, tocamos, olemos, cuando escuchamos una voz. Es decir, qué imágenes sensoriales aparecen.

Si de contar historias se trata, (o de trasladarnos a los mundos que las historias proponen), la pregunta sobre qué sucede con nuestros sentidos al escuchar una voz adquiere particular atención, ya que será muy difícil como oyentes trasladarnos a esos mundos, cuando la voz que nos intenta conducir no está allí (aunque sólo sea con su imaginación) si no, por el contrario, está atenta a cómo suena su voz, a la distancia entre su boca y el micrófono o a la hoja de papel que lee.
Por lo tanto, quien use su voz para generar imágenes en los oyentes, deberá primero generarlas para sí mismo, habitarlas, para que su voz nos allane el camino hasta allí.

Y en el decir, la voz irá construyendo ambientes más o menos habitables. Los sentidos darán señales, las preguntas orientarán el camino, la comprensión utilizará distintas perspectivas, elegirá las formas y las texturas, colores (ritmos de tonalidades) y climas sonoros.

“La dureza y la rigidez son cualidades de la muerte. La flexibilidad y la blandura son cualidades de la vida”.
Lao Tse

SENSIBILIDAD EN LA VOZ.

Sensibilidad en la voz quiere decir usar la voz como canal de los sentidos. Y en este punto, probablemente, aporta menos una formación técnica que una que ayude a desaprender, a despejar el camino de convenciones idiomáticas, frases hechas y palabras repetidas hasta la oxidación para extraer el potencial expresivo inherente y único en cada uno.

Sensibilidad en la voz no se refiere al mero uso de la palabra como concepto sino al acto de decir. De descubrir los sonidos de las ideas a partir de las palabras, la puntuación, la ilustración, los diseños… que convierten al decir en un acto creativo y sumamente disfrutable.

Sensibilidad en la voz implica un compromiso con lo que se dice, porque el decir no es llenar espacios en blanco, sino expresarse y entregarse al acto de comunicar con todo el cuerpo. Es hablar, leer en otra dimensión, con otra mirada. La de quien comprende y descubre en los textos otras cosas, lo que no está escrito, pero sí sugerido.

EL PODER DE LA VOZ.

A través de la voz se asume el compromiso interno del decir y también se construye el entorno, el ambiente sonoro. Así como en teatro el cuerpo del actor asume la responsabilidad de construir la interioridad y la exterioridad, en la radio la voz puede hacer lo propio. El poder creador de la voz como transmisor de imágenes nos permite, sólo con ese instrumento, ubicar al oyente tanto en el estudio de radio, como en un bar atestado de gente, como en la intemperie de un aeropuerto, incluso sin el apoyo de efectos sonoros de ambiente. Gran desafío. La voz construye el entorno a través de las imágenes sensoriales que ese entorno produce en el cuerpo del que habla. Escucho el ruido de los aviones, veo la pista de aterrizaje y despegue, siento el viento, etc, etc. Y luego hablo desde allí.

LA MULTIPLICIDAD DE LAS VOCES. 

A diferencia del uso de la “fórmula establecida” para el habla en radio, si algo tiene la voz es dinámica, matices, se mueve, se transforma, evoluciona. Basta con escuchar otras voces para percibir esta multiplicidad. En este sentido, los archivos sonoros con voces del pasado y del presente suman a la educación de la voz, y agregar estos archivos a los relatos otorgan riqueza y diversidad a la escucha.

Al tiempo que el conocimiento y buen uso de la tecnología (las características de los micrófonos, las distancias, la proyección de la voz, los efectos de sonidos, etc) concede una gran herramienta para elegir en esta multiplicidad de posibilidades que, si se desconoce, se desaprovecha.

EL TIEMPO Y LA VOZ.

Como la radio es un medio temporal, es decir, el tiempo es su sostén narrativo (a diferencia de la gráfica cuyo sostén narrativo es el espacio y el tiempo narrativo lo pone el que lee), decir en radio es estar conciente del tiempo que el propio relato que se lee reclama. En ese sentido, las pausas (bien puestas, guiadas por puntos y comas criteriosamente colocados en el texto) adquieren un valor fundamental en la compenetración del que lee y el que escucha con la historia. Pero el tan respetado punto en la lectura no es sólo tiempo de tomar aire, descansar, cerrar ideas. Es tiempo de acción, de silencio para preparar la reacción, lo que vendrá, lo inesperado para un otro sensible que en la espera escucha.

No está demás agregar que un texto escrito para ser dicho en radio facilita la narración ya que, por las características temporales recién mencionadas, la radio es un medio oral y quienes dicen en radio cuentan con el riquísimo potencial de la oralidad: que el escucha está presente en el mismo momento que se cuenta la historia y, ambos, narrador y oyente, comparten al mismo tiempo el mágico sentimiento de estar en el lugar donde está la historia.

(*) Locutora, actriz. Lic. en Sicología Social. Docente de locución y educación por el arte. Co-directora del ciclo de radioteatros “El telón de aire”.