Las dimensiones de la Radio. El uso de los planos sonoros.

22 septiembre, 2013 at 11:28 PM

Por Marcelo Cotton.

2009721727sonido

Asistimos a una radio sin imaginación. Frecuentemente las voces de la radio surgen de un espacio aséptico, un no lugar, aplanado (o aplastado) por la falta de diferenciación de los planos de voz y sonido.
Si en el cine y la TV se narra con los distintos planos de cámara, en la radio se lo hace con los planos sonoros. Prescindir de éstos en la radio es como si al cine le quitaran la posibilidad de que la cámara se acerque y se aleje, como si estuviera fija en un punto, sin la tercera dimensión, la carencia de espacio, la falta de profundidad y de movimiento.
Los planos sonoros nos permiten disponer del espacio, extenderlo y dar movimiento a los personajes. Y sobre todo, narrar. Llevar la atención del oyente hacia donde el relato lo requiere en cada momento.

Los primeros planos aluden a la cercanía espacial, sugieren intimidad, detalle y mayor subjetividad. Los planos lejanos nos sugieren distancia, noción del entorno y más sensación de objetividad. Y en el medio, toda una gama de posibilidades. Sin embargo, si nos preguntamos qué plano se usa habitualmente, si uno cercano o uno lejano, sólo podemos responder que ninguno –o mejor dicho el plano neutro-, ya que un plano de sonido adquiere sentido en relación con otros. Y narrar con planos es narrar desde la comparación y la perspectiva. Es incluir la noción de espacio en nuestro relato.

Cuando el radioescucha no está acostumbrado al relato en perspectiva, incluir muchos planos sonoros puede resultar confuso y dar a malas interpretaciones. Hay que acostumbrar a la oreja del oyente a las sutilezas de los sonidos y a que el ejercicio de escuchar radio, puede ser análogo a asomarse a una ventana que trasluce un paisaje de inmensos matices o a admirar una pintura que invite a ser desentrañada. Mientras tanto, los planos sirven para guiar su atención. Es decir, narrar.

Imaginemos una primera escena de una película. La imagen nos muestra una panorámica de una ciudad, luego una plaza con personas paseando, después una pareja sentada en un banco, y luego a esos personajes en planos cercanos dialogando. La imagen nos guía, nos hace una presentación, primero ubicamos la ciudad, la plaza, el contexto para ir entrando en la historia particular. Traducido a planos sonoros, esta escena podría describirse así: se escuchan los sonidos clásicos de esa ciudad, un locutor puede dar información sobre dónde nos encontramos, se escucha el sonido de la plaza (atrás quedan los sonidos de la ciudad) y poco a poco van entrando los personajes en plano mientras que el sonido del entorno se va gradualmente diluyendo, quedando atrás. Uno se podrá preguntar porqué los sonidos del entorno se diluyen, si mientras estos personajes hablan, el entorno sigue con su incesante ruido. La respuesta es simple: porque no se puede contar una historia de modo objetivo. Siempre hay que pararse desde algún lugar para mirar (y escuchar) Siempre hay que seleccionar qué se escucha más y qué menos. Incluso ponerse uno en situación y preguntarse cuántas veces ha estado uno metido en un diálogo, una situación conflictiva, profunda, intensa, en la que el entorno prácticamente “desaparece” de la propia subjetividad.

Metámonos en el diálogo de esta pareja. Hablan de sus vidas luego de meses de no verse. En un determinado momento ella le confiesa, sin medias tintas, que está embarazada de él. Inmediatamente nuestra atención está concentrada en los personajes, debemos escuchar sus voces en un primer plano, sus titubeos, como si viéramos sus gestos. La plaza y la ciudad poco importan en este momento, de lo contrario, escucharíamos un pastiche que nos alejaría del dramatismo de la escena. Incluso, tal vez, no sólo desaparecerían los sonidos del entorno, también quizás, brotaría una música incidental que refleje el sentimiento del personaje.

Sea como fuere, la historia ya tomó impulso y los planos sonoros en la radio (que se traducen en la distancia entre el hablante y el micrófono, y en los volúmenes de los ambientes) le otorgan dimensión espacial. El oyente es ese testigo que se entromete en los lugares más insólitos. Y el que habla por radio (sea locutor, actor o periodista) forma parte de un espacio común, imaginario o real, del que todos formamos parte.